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Los
tres micrófonos
Eugenia Lerner
Ó
Círculo
Chamánico 2006
Ese día todo se complicó,
fallaron tres micrófonos.
Demoraron dos semanas en reparar la casetera del
grabador y había llegado el momento de ir a buscarlo. Fui al service a la
mañana, contenta, iba a recuperar mi viejo y querido equipo. Hace unos
cuantos años que me acompaña de manera eficiente. Lo uso fundamentalmente
para grabar las clases. De esta manera, si algún alumno falta puede
escuchar luego el casete.
Salí del service, aparato en mano y lo llevé al
consultorio, conecté el micrófono -ya que no tiene uno incorporado- lo
probé y no grabó. Usé otro micrófono, de reciente adquisición y tampoco
anduvo. Raro que fallen los dos! pensé. Mi alegría se desvaneció.
A la noche daba clase y tenía la expectativa de usar
ese equipo, pero no, tendría que grabar con el nuevo, que no es tan bueno
como aquél. Estaba plenamente consciente de la nimiedad del inconveniente
pero igual me sentía molesta y extrañada.
Pensé que al técnico quizás sólo le llevaría un
rato arreglar el desperfecto y decidí regresar inmediatamente a su negocio:
Cuando me vio entrar el señor
se sorprendió y dijo un poco a la defensiva:
-
qué pasó?
-
No graba. Algo no anda por que lo probé con dos micrófonos
diferentes y no funciona. Se acuerda que le dije que lo necesito para
grabar?
-
Bueno, la verdad es que no me acuerdo. Pero es raro que no ande,
vamos a probarlo.
El técnico buscó uno de
sus micrófonos, lo insertó en el toma correspondiente, bajó la ficha
“rec” y dijo varias veces:
- hola, hola, uno dos tres
probando.
Me llamó la atención que su voz saliera amplificada
por los parlantes, por que con mis micrófonos eso no sucedía, ellos graban
pero no amplifican. Luego apretó el “rew” y puso “play”: silencio.
Probó con los míos y nada, no
había caso.
- Debe ser la conexión-
dijo pensativo- deme unos días que se lo reviso.
Su respuesta me decepcionó.
Otra vez esperar, otra vez volver al negocio, cargar con el equipo, qué pérdida
de tiempo! A pesar de eso sentí que valía la pena, dado el aprecio que
tengo por el aparato.
Tres días después el técnico
me avisó que ya estaba listo y fui a buscarlo. Cuando me lo entregó dijo:
-
Sabe qué pasó el otro día? En realidad funcionaba. El micrófono
tiene una fichita on-off. Estaba en off. No sé cómo no me di cuenta!!!. Así
que lo volví a probar y anduvo.
La prueba salió bien, pero
después de los inconvenientes que había tenido, estaba más cautelosa y no
canté victoria, faltaba todavía un paso: probarlo con mis micrófonos.
Partí hacia el consultorio, inquieta por averiguar lo que ocurriría. Llegué,
respiré hondo, puse el micrófono que uso siempre y nada, no andaba.
Intentando mantener la calma busqué rápidamente el micrófono nuevo, lo
probé y tampoco. Qué está pasando???!!!!! grité para mis adentros. No
podía creerlo. Era un misterio.
Algo decepcionada, esa noche
usé el grabador nuevo y decidí descansar de los vericuetos de la electrónica
por un tiempo.
Transcurrida una semana
estaba a punto de dar por finalizada esta cuestión y despedirme del equipo.
Pensaba que quizás le había llegado la hora de un digno y merecido retiro.
Pero algo me llevó a hacer un último intento. Miré el micrófono viejo y
la imagen de una pila se formó en mi mente. Dicho adminículo lleva una
pila que dura años. Hacía poco la había cambiado, pero tuve el pálpito
de que debía reemplazarla. Fui a comprar una, conecté el micrófono y,
para mi sorpresa, esta vez grabó. Por algún motivo, la otra había tenido
corta vida.
Aún no sé qué sucedió
con el micrófono nuevo. Ese sigue sin andar.
Pocos días después el
grabador en cuestión volvió a sus funciones. Mis alumnos se pusieron
contentos, por que al igual que yo, aprecian su calidad de registro. Supuse
entonces que el tema audio estaba resuelto, pero no fue así.
Al finalizar la clase
algunos de los participantes me dijeron:
-
en este salón no se escucha bien.
La saga continúa, pensé.
Tema audio pasa a fase dos.
Hace poco tiempo me mudé a
este lugar, más grande y cómodo que el anterior, pero tiene el
problema de la acústica. Antes de instalarme tuve la sospecha de que
eso podía suceder y lo confirmé días después de la inauguración. Debido
al trabajo que llevaron las refacciones y la mudanza, no me quedaban ganas
ni energía para ningún arreglo más.
Cada vez que notaba que no
se escuchaba bien, hacía el esfuerzo de elevar la voz o pedía a los demás
que lo hicieran. Esta solución era transitoria, por que al rato todos hablábamos
con nuestro volumen habitual y el problema volvía a presentarse .
Por alguna razón, ese día
sentí que había llegado el momento de encarar esta cuestión y resolverla,
aunque no sabía cómo.
“Tendré que llamar al arquitecto”, pensé, “habrá que
poner algún material acústico en las paredes o tal vez bajar el techo”.
Qué molestia! Otra vez refacciones y más gasto de dinero. Me resistía a
todo eso. El tema siguió dando vueltas un rato en mi cabeza, hasta que de
pronto recordé el micrófono del técnico.
Qué alegría! ya tenía la
solución. Entusiasmada fui a comprar otro micrófono que, como el del
service, graba y amplifica a la vez y problema resuelto.
Ahora, reflexionando, veo cómo
fueron dándose las cosas. Me doy cuenta que, gracias a que mis dos micrófonos
fallaron y la pila duró poco, me enteré de esa posibilidad de amplificación
del sonido, y que gracias a
ello también, pude resolver los dos problemas de audio: el del equipo y el
de la acústica. Obviamente, para esto último podría haber recurrido a un
experto, pero me parece que la solución a la que arribé fue más simple y
económica en términos de tiempo, dinero, y esfuerzo.
Esta historia tiene final
feliz, pero no termina aquí. La saga continúa.
Estaba todo listo para la próxima
clase: grabador reparado y micrófono nuevo. Sentía entusiasmo por el
estreno y satisfacción por cómo se habían desenvuelto las cosas hasta aquí.
Comencé la clase, los
alumnos se sorprendieron de la novedad e hicieron distinto tipo de bromas
respecto del sonido amplificado. Unos quince minutos después, el clima del
grupo empezó a decaer y las caras comenzaron a tornarse cada vez más
serias.
-
qué pasa?- pregunté
-
sentimos como si estuvieras detrás de un vidrio- dijo alguien
-
si, estás como lejos- agregó otro
-
por qué cambiaste el micrófono? para mi, se escuchaba bien- comentó
un tercero
Registré mis sensaciones y
noté que yo tampoco me sentía a gusto con el nuevo sonido. Restaba
intimidad a la experiencia.
Después de unos minutos de
duda, decidí volver al viejo sistema.
Años atrás este nuevo
viraje en los acontecimientos probablemente me hubiera perturbado. Hubiera
sentido, quizás, que es difícil conformar a todo el mundo, que la gente
primero dice una cosa y después otra, que nuevamente estaba en fojas cero
respecto de la acústica, que perdí el tiempo y cosas por el estilo.
Aquél día no me ocurrió
nada de eso. Simplemente acepté que la solución que surgió no dio el
resultado esperado.
Retomé la clase y para mi
sorpresa la acústica del lugar parecía haber mejorado. Ahora escuchábamos
mejor y el micrófono ya no era necesario.
Qué fue lo que sucedió?
Pienso que este cambio se debió a tres factores. Primero, el intento de solución nos confortó de alguna manera. Segundo,
gracias a eso, pudimos apreciar más la voz natural y el clima que la misma
genera. Tercero, al sentirnos mejor nos relajamos. En ese estado la mente se
aquieta y cuando hay silencio interior se escucha más. Creo que todo esto
nos permitió aceptar el salón con su acústica particular, dejar de
resistirla y de esperar que fuera como la del lugar anterior.
Esta saga termina aquí por
el momento, aunque no descarto que pueda continuar.
La próxima vez que las
cosas salgan mal, te sugiero que:
-
resuelvas lo que esté a tu alcance en cada momento
-
pienses que encarar y resolver las dificultades de la vida es un arte
o un ejercicio que puede expandir tus conocimientos y habilidades.
-
revises si en algún punto del camino se ha presentado alguna solución
o alternativa: a veces las soluciones vienen entreveradas en la trama de las
complicaciones y no las distinguimos a simple vista
-
consideres que una nueva complicación, en algo que ya creías
resuelto, puede conducir a una solución más completa o ampliar tus
opciones
-
no esperes que todo se resuelva de una vez
-
te preguntes:
§
si hay algún cambio que estás resistiendo
§
si hay alguna expectativa o preconcepto que necesites soltar
§
si hay algo que puedes apreciar o valorar
-
busques alguna forma de aflojar las tensiones.
Desde mi perspectiva, las
pequeñas dificultades de la vida pueden darnos interesantes oportunidades
de crecimiento y transformación. Algunos inconvenientes nos llevan a
conocer, explorar, y experimentar nuevos territorios. Pueden inducirnos
también a cambiar patrones estereotipados de pensamiento o acción.
Resolver pequeños problemas nos mantiene atentos, abiertos y flexibles. Es
un ejercicio que nos prepara y capacita para enfrentar otras situaciones, más
difíciles.
Podemos padecer los
problemas o tomarlos como si fueran maestros. Muchas veces nos hablan en
lenguas extrañas, pero si estamos atentos y en silencio, los comprendemos.
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