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Sobre el amor
Por
Serge Kahili King
Traducido por Lic. Eugenia Lerner
En realidad el amor es una idea bastante misteriosa.
Cuando la gente lo siente piensa que sabe qué significa, pero pocos
son capaces de expresar con claridad qué es y cómo lo sienten. Parte del
problema proviene de la confusión respecto de la palabra, que ha sido
demasiado y mal utilizada, por lo que muchos creen que están sintiendo
amor cuando en realidad sienten otra cosa.
Algo cierto es que amar no es igual a desear. Desear
una cosa es querer poseerla, mientras que el amor nunca es posesivo. El amor
no es producto del deseo ni el deseo producto del amor. Están completamente
separados, aunque un objeto de deseo puede ser al mismo tiempo un objeto de
amor.
Hay tres palabras claves que expresan qué es el amor:
comprensión, aceptación y dar. La comprensión puede llevar al amor, pero en
sí misma no es amor. Por eso es menos importante que las otras dos. Pero
muchas veces se necesita comprender antes de que pueda haber aceptación. Lo desconocido tiene que devenir conocido, para que el miedo
que ocasiona pueda ser superado.
Generalmente cuando falta amor es porque está presente
el miedo. El miedo es padre del odio, que es rechazo y egoísmo, lo opuesto
al amor. Y puede decirse que la ignorancia es la madre del miedo. Cuando se
reemplaza la ignorancia por la comprensión, el miedo se disipa y puede
entrar el amor.
Pero el amor sólo entrará si es invitado. Es algo
activo, y no existe a menos que haya acción por parte del que ama. He
mencionado la aceptación, pero no me refiero a la aceptación pasiva, que no
es más que indiferencia. Me refiero a la clase de aceptación que abre la
puerta y extiende una invitación a entrar. Y cuando el huésped entró, se
pone en juego el otro aspecto del amor, que es dar. No dar cosas, sino dar
de sí mismo, sin ataduras. Se ama mejor cuando el interés es amar y no
cuando se quiere obtener algo a cambio, ni siquiera cuando se trata de
complacer a alguien. Porque esta clase de amor es falsa y vacía. Trae
poca satisfacción al ser dependiente del antojo de otros. Si tienes un
corazón verdaderamente amoroso no te faltará a quien amar. Los atraerás como
una brillante flor atrae a las abejas.
Existe un gran secreto para amar a otros y ser
amado. Consiste en amarse primero a uno mismo. Porque si no hay agua en la tubería, no podrá
salir nada de ella cuando abramos la canilla. A menos que hayas aprendido a
aceptarte y a darte, tendrás gran dificultad en hacer lo mismo con otros.
Aceptarte significa admitir todas tus cualidades, buenas y malas, y
reconocer que este es el material con el que tienes que trabajar, para luego
tomar la decisión de seguir adelante y trabajar con eso. La forma amorosa de
dar no significa indulgencia, sino cuidado, atención, y hacer el esfuerzo de
pulir lo que es bueno y mejorar lo que es malo. Amarse también significa
aceptar que uno es merecedor de amor. Muchos piensan que no son merecedores
de amor, por las cosas que han hecho o por la forma en que han sido
tratados. Esto es un gran error! Como se ha dicho tan bellamente: “Tu eres
un hijo del universo, no menos que los árboles y las estrellas: tienes
derecho a estar aquí”. Eres merecedor de amor simplemente por el hecho de
existir. Nada de lo que hayas hecho, nada de lo que hayas pensado, nada de
lo que alguien te haya dicho puede alterar eso. Como los antiguos Hawaianos
dijeron tan hermosamente:
He punawai
kahe wale ke aloha
El amor es
una vertiente que fluye libremente
Es decir, el
amor no tiene límites y está disponible para todos.
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