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La cuestión de la soberanía personal
es un tema que nos afecta a todos,
individuos y sociedades, nos demos
cuenta de ello o no. Entender esto
nos puede ayudar a interpretar lo
que ocurre dentro nuestro y a
nuestro alrededor. Incrementar la
soberanía puede cambiar radicalmente
nuestra existencia.
La palabra “soberano” significa
tener suprema autoridad sobre algo o
alguien y ser extremadamente
efectivo y poderoso. Debido a ello,
generalmente se la aplica a dioses,
realeza y gobiernos. Aludimos a los
reyes y reinas como soberanos (aún
cuando sólo se trate de reinados
figurativos) y hablamos de los
derechos soberanos de las naciones y
estados.
La soberanía personal implica
entonces, el poder y la autoridad
intrínsecos del individuo para
determinar su propia dirección y
destino. Si ello suena
sospechosamente a libre albedrío, es
porque soberanía personal y libre
albedrío son la misma cosa.
Así como soberanía nacional quiere
decir tener poder y derecho para
tomar decisiones y llevar a cabo
acciones de interés nacional, sin
ser forzado a ello por otras
naciones, de la misma manera, ser
una persona soberana significa ser
capaz de elegir las propias acciones
y reacciones, sin ser forzado a ello
por otras personas. Dependiendo del
grado en que se halle presente el
libre albedrío en todas estas
decisiones, tanto personales como
nacionales, es que existe o no
soberanía.
Aún cuando la soberanía también
implica tener poder y ser efectivo,
de ello no se deduce que una vez que
uno la tiene puede hacer con ella lo
que guste. Ya se trate de una nación
o de una persona, debe considerarse
también la soberanía de otros. Por
supuesto, tu puedes tratar de
disminuir o destruir la soberanía de
los demás para obtener lo que
quieres, como a veces hacen algunas
personas y naciones, pero la
experiencia humana muestra que,
generalmente, se puede lograr más a
través de la cooperación que de la
conquista.
En última instancia, no obstante,
cada uno tiene tanta soberanía como
la que puede demostrar. Tener
derechos soberanos y ser soberano no
es lo mismo.
La manera de aumentar tu soberanía
personal es aumentando el uso de tu
libre albedrío o voluntad. La manera
de hacer esto último es decidiendo
por ti mismo las acciones a seguir y
las reacciones que vas a tener en
una situación dada, y decidir
también por ti mismo cómo vas a
interpretar tus acciones y
reacciones, decidir si son elegidas
libremente o no.
Por ejemplo, si trabajas para
alguien y te ordenan hacer una tarea
displacentera, puedes sentirlo como
si hubieras perdido algo de tu libre
albedrío. Pero además de recordar
que siempre puedes renunciar a ese
trabajo, también puedes decidir que
no estás trabajando para tu jefe;
que estás brindando un servicio
compensado, y que puedes decidir
hacer la tarea porque así lo eliges
y no porque te la ordenaron. El
punto es que siempre puedes elegir
tus acciones y reacciones.
Manténte alerta, sin embargo. La
soberanía personal tiene un alto
precio. Se lo llama responsabilidad
personal. A medida que aumenta el
uso de tu libre albedrío, también
aumenta tu responsabilidad por tus
propias acciones y reacciones.
Auméntela lo suficiente y no serás
capaz de culpar a tus padres, tus
enemigos, tus amigos, tus amantes o
cónyugue, la sociedad, el destino,
Satán o Dios por nada que tenga que
ver con tu experiencia.
Si mucha gente incrementara su
responsabilidad personal,
sobrevendrían cambios impresionantes
en nuestra sociedad. Desaparecerían
relaciones co-dependientes y
manipulativas, una incontable
cantidad de abogados de pleitos
tendrían que encontrar nuevas
profesiones, a los políticos se los
responsabilizaría por sus
decisiones; las compañías de seguro
tendrían que cambiar muchas de sus
cláusulas; gentes de diferentes
credos serían más tolerantes unos
con otros, la humanidad actuaría más
desde el amor que desde el miedo...
Ahora bien, qué clase de mundo sería
ese? |