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Serge King ã 1996
Traducción: Eugenia Lerner
La cuestión de la soberanía personal es un tema que nos
afecta a todos, individuos y sociedades, nos demos cuenta de ello o no.
Entender esto nos puede ayudar a interpretar lo que ocurre dentro nuestro y
a nuestro alrededor. Incrementar la soberanía puede cambiar radicalmente nuestra
existencia.
La palabra “soberano” significa
tener suprema autoridad sobre algo o alguien y ser extremadamente efectivo
y poderoso. Debido a ello, generalmente se la aplica a dioses, realeza y
gobiernos. Aludimos a los reyes y reinas como soberanos (aún cuando sólo se
trate de reinados figurativos) y hablamos de los derechos soberanos de las
naciones y estados.
La soberanía personal implica
entonces, el poder y la autoridad intrínsecos del individuo para determinar
su propia dirección y destino. Si ello suena sospechosamente a libre albedrío,
es porque soberanía personal y libre albedrío son la misma cosa.
Así como soberanía nacional
quiere decir tener poder y derecho para tomar decisiones y llevar a cabo acciones
de interés nacional, sin ser forzado a ello por otras naciones, de la misma
manera, ser una persona soberana significa ser capaz de elegir las propias acciones
y reacciones, sin ser forzado a ello por otras personas. Dependiendo del
grado en que se halle presente el libre albedrío en todas estas decisiones,
tanto personales como nacionales, es que existe o no soberanía.
Aún cuando la soberanía también
implica tener poder y ser efectivo, de ello no se deduce que una vez que
uno la tiene puede hacer con ella lo que guste. Ya se trate de una nación o
de una persona, debe considerarse también la soberanía de otros. Por
supuesto, tu puedes tratar de disminuir o destruir la soberanía de los demás
para obtener lo que quieres, como a veces hacen algunas personas y naciones,
pero la experiencia humana muestra que, generalmente, se puede lograr más a
través de la cooperación que de la conquista.
En última instancia, no
obstante, cada uno tiene tanta soberanía como la que puede demostrar. Tener
derechos soberanos y ser soberano no es lo mismo.
La manera de aumentar tu
soberanía personal es aumentando el uso de tu libre albedrío o voluntad. La
manera de hacer esto último es decidiendo por ti mismo las acciones a
seguir y las reacciones que vas a tener en una situación dada, y decidir también
por ti mismo cómo vas a interpretar tus acciones y reacciones, decidir si son
elegidas libremente o no.
Por ejemplo, si trabajas para
alguien y te ordenan hacer una tarea displacentera, puedes sentirlo como si
hubieras perdido algo de tu libre albedrío. Pero además de recordar que siempre
puedes renunciar a ese trabajo, también puedes decidir que no estás
trabajando para tu jefe; que estás brindando un servicio compensado, y que puedes
decidir hacer la tarea porque así lo eliges y no porque te la ordenaron. El
punto es que siempre puedes elegir tus acciones y reacciones.
Manténte alerta, sin embargo.
La soberanía personal tiene un alto precio. Se lo llama responsabilidad
personal. A medida que aumenta el uso de tu libre albedrío, también aumenta
tu responsabilidad por tus propias acciones y reacciones. Auméntela lo
suficiente y no serás capaz de culpar a tus padres, tus enemigos, tus
amigos, tus amantes o cónyugue, la sociedad, el destino, Satán o Dios por
nada que tenga que ver con tu experiencia.
Si mucha gente incrementara
su responsabilidad personal, sobrevendrían cambios impresionantes en nuestra
sociedad. Desaparecerían relaciones co-dependientes y manipulativas, una incontable
cantidad de abogados de pleitos tendrían que encontrar nuevas profesiones,
a los políticos se los responsabilizaría por sus decisiones; las compañías
de seguro tendrían que cambiar muchas de sus cláusulas; gentes de diferentes
credos serían más tolerantes unos con otros, la humanidad actuaría más
desde el amor que desde el miedo... Ahora bien, qué clase de mundo sería ese?
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