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Orgullo
y humildad
Por
Serge Kahili King
Traducido
por Lic. Suan Fain
“Muestra cierto orgullo!”, “Defiende tus ideas!”, ”Camina
erguido!”, “No seas un felpudo!”, “Siéntete orgulloso de quien
eres!”, “Saca pecho y mantén tu cabeza alta!”.
“Muestra
cierta humildad!”, “Mantén tu cabeza baja!”, “No sobresalgas de la
multitud!”, “El orgullo antecede a una caída!”
“Aprende a
ser humilde!”, “Quién te piensas que eres?”.
Cuando era un
hombre joven que intentaba encontrar su lugar en el mundo, mi madre me dijo
una vez, “No pienses demasiado de ti mismo”, sino Dios te bajará a la
tierra. Bien, eso fue atemorizante. Era asimismo desconcertante, porque el
mundo estaba lleno de religiones, filosofías, psicologías y culturas con
puntos de vista diametralmente opuestos en las cuestiones de orgullo y
humildad, incluso a menudo dentro de estas mismas religiones, filosofías,
psicologías y culturas.
Por muchos años
he vagado a través de un laberinto de ideas conflictivas, tratando de
imaginar cómo ser humilde sin perder el respeto por mi mismo y cómo estar
orgulloso sin perder mi sentido de humildad. La mayoría de las veces, como
mucha gente que he conocido, he rebotado de acá para allá entre la
arrogancia y la auto degradación, con todas las variantes intermedias,
antes de descubrir finalmente de qué se trata realmente todo esto.
En la Grecia
antigua uno de los peores pecados que se podían cometer era el de hubris,
una forma excesiva de orgullo conocida también como arrogancia. La forma más
seria de ésta era pensarse como igual o mejor que los dioses. Existen
muchas historias en la mitología Griega sobre mortales cuya hubris causaba
que los dioses los derribaran de una bofetada. Esto se tradujo socialmente
en el peligro muy real de ser derribado duramente por aquellos que
representaban a los dioses, tales como sacerdotes, reyes y oficiales del
gobierno si alguien se atrevía a pensar que era un igual o, en especial, si
se creía mejor que ellos.
Finalmente
esta idea se arraigó en la cultura Occidental en general y fue transferida
no sólo a los dioses o al Dios de las nuevas religiones sino al sistema de
clases que se desarrolló en la misma, tal como nobles y plebeyos, o ricos y
pobres.
Entonces era
hubris pensarse a si mismo como igual o mejor que los “mejores”,
significando esto cualquiera que fuera percibido por la sociedad como
teniendo un nivel social o financiero más alto que el propio.
Como si eso
no fuera lo suficientemente malo, el problema empeoró cuando la palabra,
hubris, quedó fuera de moda y fue reemplazada por la palabra orgullo, cuyas
definiciones en el diccionario son muy contradictorias. Finalmente estamos
en un punto hoy en día donde es bueno estar orgulloso y es malo estar
orgulloso, y es bueno ser humilde y es malo ser humilde. Existe una forma de
salir de este dilema ?.
Existe si
estamos dispuestos a pensar en forma un poco diferente. Primero tenemos que
distinguir entre orgullo verdadero y falso orgullo, y luego tenemos que
distinguir entre humildad verdadera y falsa humildad.
El orgullo
verdadero tiene que ver con el reconocimiento y el respeto por quién eres y
por lo que puedes hacer, sin ninguna confirmación o aprobación externa. El
falso orgullo tiene que ver con pretender que eres más de lo que crees que
eres y que sabes más de lo que crees que sabes. Esta clase de orgullo casi
siempre necesita confirmación o aprobación externa para encubrir un
sentimiento interno de inadecuación. Conste que no estoy diciendo que la
confirmación o la aprobación externa sean algo malo. Es sólo una medida
de falso orgullo cuando no puedes sentir ningún respeto por ti mismo sin
ellas.
Otro aspecto
del falso orgullo es la arrogancia. Esto es cuando pretendes que eres mejor
que otros en cuestiones que no pueden ser medidas a través de habilidades.
Una cosa es ser mejor que otro respecto de una habilidad y otra cosa
completamente distinta es necesitar que otros lo reconozcan o pretender que
de alguna manera tu nivel de destreza te convierte en un tipo de ser humano
superior. Notarás que una y otra vez digo “pretender”. Esto se debe a
que no importa cuán buena sea una persona actuando como superior, porque en
el grado en que él o ella necesiten validación externa de dicha
superioridad, esa persona está pretendiendo. Alguien con orgullo verdadero
puede o no ser una persona superior, pero eso no tiene importancia para
ella.
La humildad
verdadera tiene que ver con reconocer y respetar quién eres y qué puedes
hacer, sin ninguna confirmación o aprobación externa. La falsa humildad
tiene que ver con pretender que eres menos de lo que crees ser y que puedes
hacer menos de lo que crees que puedes. Esta clase de humildad casi siempre
necesita de la confirmación o aprobación externa para encubrir un
sentimiento interno de arrogancia.
La persona
con falsa humildad tiene una fuerte necesidad de convencer a otros de cuán
humilde es. Algunas veces esto se debe a que una persona cree que cualquier
forma de orgullo es mala y otras veces una persona esencialmente arrogante
utiliza la falsa humildad como una forma de desarmar o manipular a otra
gente. Una persona verdaderamente humilde no tiene la necesidad de que otros
sepan cuán humildes él o ella se sienten ni ningún temor de que otros lo
sepan. Una persona verdaderamente humilde no se siente ni superior ni
inferior a ningún otro.
Que nos deja
todo esto ? Tan sólo una idea muy simple : el verdadero orgullo y la
verdadera humildad son exactamente la misma cosa.
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