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A cualquier estudioso
serio de la sociedad le resulta muy
claro que todos los seres humanos
comparten las mismas necesidades,
deseos y, en un alto grado, aún
simbologías, independientemente de
su raza, color, credo o cultura. Lo
que todo ser humano quiere y
disfruta puede ser definido como
Amor, Poder y Armonía.
El amor es parte de nuestra
naturaleza. Es el estado de sentirse
felizmente conectado a otro, o el
acto de llegar a conectarse. Es
extender nuestro ser para incluir a
otro. No tenemos que luchar por el
amor salvo que sintamos que no lo
tenemos. Cuando los seres humanos se
reúnen bajo circunstancias en las
que no hay miedo, el amor
simplemente sucede. He asistido a
muchas reuniones en muchos países
diferentes, en las que docenas de
completos extraños llegan a ser
amigos que se aman, luego de dos o
tres días de estar simplemente
juntos. Lo que hicieron y por qué
estaban allí no parecía importar.
Meramente la cercana proximidad y la
ausencia de miedo produjo amor sin
esfuerzo.
En tiempos de peligro el amor
también se manifiesta naturalmente.
Cuando hay un desastre o un
accidente, la gente que no está
atrapada en el miedo automáticamente
comienza a asistir a los que
necesitan ayuda. No necesitan ser
enseñados o instruidos, excepto en
cómo ayudar mejor. El deseo de
ayudar, que es una forma de amor,
brota espontáneamente. Esta
respuesta automática de amor es tan
grande que algunas personas
expondrán sus vidas a serios riesgos
para ayudar a otros. A estas
personas las llamamos héroes cuando
se zambullen en ríos tormentosos
para salvar a alguien de ahogarse o
cuando corren hacia un edificio que
se está incendiando para rescatar a
un niño o hacen alguna de las cien
cosas valientes que se pueden hacer
para salvar a otro. Y sin embargo,
pocas de estas personas se piensan a
sí mismas como héroes. Generalmente
dicen que lo hicieron porque era lo
que había que hacer, o que lo
hicieron sin pensar. Fue un acto
espontáneo de amor.
La duda es lo que debilita la
conexión con el amor. Cuando una
persona duda sobre la existencia del
amor, entonces nace el miedo y el
amor comienza a morir. El miedo
interfiere con el amor porque es lo
opuesto al amor. El miedo viene de
sentirse o de estar desconectado.
Cuando disminuye el amor, el miedo
se incrementa; y cuando el miedo
disminuye, el amor se incrementa.
Más que eso, cuando decrece el amor,
el miedo aumenta y también lo hace
la necesidad y el deseo de amor. La
necesidad y el deseo de amar y de
ser amado influye sobre todas
nuestras acciones y reacciones,
según el grado en que sentimos la
falta de amor, en cualquiera de sus
formas. Sumada a la poderosa fuerza
del amor sexual, también somos
movidos por el amor a la aprobación
y al reconocimiento. Muchos de
nuestros comportamientos están
guiados por la esperanza de
aprobación, o por nuestra reacción
frente a la desaprobación. Y muchos
son guiados por una búsqueda de
reconocimiento, aún cuando éste sea
pequeño o temporario, especialmente
cuando el afecto y la aprobación no
parecen inminentes. Grandes acciones
que benefician a toda la sociedad y
actos viciosos que dañan la sociedad
pueden ambos provenir de la
necesidad y del deseo de
reconocimiento. Algunas personas
cuando carecen de reconocimiento lo
fuerzan, buscando el respeto,
haciendo quizás algo valioso, o
causando miedo para obtener así un
falso respeto.
Cuando la satisfacción de la
necesidad y el deseo de amor de
cualquier índole se ve frustrada en
un grado suficiente, el resultado es
la enfermedad mental o física. Esto
sucede cuando el miedo, que resulta
de la falta de amor, no tiene
ninguna salida. Cuando, de acuerdo
con las creencias del individuo, no
hay nada que se pueda hacer, el
miedo causa una retirada hacia el
interior, produciendo gran tensión
en el cuerpo y por lo tanto
enfermedad.
El poder es parte de nuestra
naturaleza. Como con el amor, no
tenemos que luchar por el poder, a
menos que sintamos que no lo
tenemos. En sí mismo el poder es el
acto de ser efectivo. Desde el mismo
momento de la concepción todos
estamos en el proceso de expresar
nuestro poder, o hacer aquello que
es efectivo para nuestra
supervivencia y placer. De ahí en
más, en cada momento de nuestra
vida, estamos comprometidos en
expresar nuestro poder, más o menos
efectivamente. Físicamente, nuestros
cuerpos están comprometidos en el
mantenimiento, reparación,
crecimiento, aprendizaje y búsqueda
de placer. Mentalmente, nuestras
mentes están comprometidas en la
solución de problemas, en la
creatividad y en la extensión de
nuestra influencia sobre el mundo
que nos rodea. Siempre somos
poderosos, pero por muchas razones
no siempre lo reconocemos. Cuando la
expresión del poder no es efectiva,
la reacción natural consiste en
buscar una solución diferente al
problema o bien otra forma de ser
efectivo. Los inventores suelen
experimentar con miles de
aproximaciones diferentes antes de
lograr que sus inventos funcionen,
los equipos deportivos pueden probar
docenas de estrategias diferentes
para ganar a sus oponentes, los
políticos pueden proyectar muchos
planes económicos y sociales
diferentes para lograr sus fines.
Individualmente, la gente prueba
diferentes acercamientos y técnicas
de sanación, diferentes carreras,
diferentes relaciones y diferentes
religiones con el objetivo de ser
más efectiva en su vida.
Una vez más, la duda es lo que
debilita la expresión natural del
poder. Cuando una persona duda de su
poder personal, o de la fuente de
poder, entonces nace el enojo y el
poder empieza a huir. Cuando el
poder disminuye, aumenta el enojo, y
cuando el enojo decrece, el poder
aumenta. Y, como con el amor, cuando
decrece el poder, también aumenta el
enojo, como también la necesidad y
el deseo de poder.
La técnica más popular para tratar
de recuperar el poder mientras
continúa operando la duda y el enojo
es el control. Mucha gente confunde
el poder con el control, pero el
control es lo que la gente utiliza
cuando se está sintiendo impotente.
El control activo es usado para
forzar a la gente a hacer lo que uno
quiere. Usualmente toma la forma de
intimidación o de fuerza física. El
control pasivo, también llamado
agresión pasiva, toma la forma de
hacer que la gente haga lo que uno
quiere rehusándose uno a la acción,
o haciendo que el otro se sienta
suficientemente culpable como para
hacer lo que uno quiere. Además de
ser malo para las relaciones y la
efectividad, el intento de controlar
causa mucha tensión en el
controlador.
Cuando el control no es posible,
otra técnica que a veces se usa es
el vandalismo. Un niño que se siente
herido e impotente puede romper
cosas para desplegar su enojo. Esto
raras veces funciona para controlar
a los padres, pero produce una
reacción, y ese sustituto de
efectividad brinda al menos algo de
satisfacción. El niño piensa, “no
puedo obtener lo que quiero, pero al
menos puedo hacer a alguien
infeliz”. Es un sustituto muy pobre
de la efectividad, pero puede
progresar de los caprichos
infantiles al vandalismo adolescente
y llegar al terrorismo adulto. Y por
supuesto trae tensión con ello. No
obstante, cuando no hay ninguna
salida al enojo y ninguna vuelta al
verdadero poder, el enojo es
dirigido hacia adentro y el
resultado es la enfermedad mental o
física.
Finalmente, existe una inclinación
natural hacia la armonía. Por
armonía quiero significar la
integración y cooperación mutuamente
beneficiosa de la gente con su
entorno social y natural. Podemos
ver esto más fácilmente en los
grupos tribales aislados, pero
existe también en muchas comunidades
pequeñas, vecindarios, grupos,
clubes y asociaciones. Podemos ver
intentos de creación de armonía en
gobiernos nacionales y en las
Naciones Unidas, pero cuanto más
grande es el grupo más difícil
parece ser. Esto en parte es porque
cuanto más grande es el grupo es más
fácil que sea más impersonal. O sea,
resulta más fácil perder la
sensación de conexión y de
influencia personal. Pero la armonía
envuelve más que esto, realmente
tiene que ver con el sentido del
propio lugar y propósito en el
mundo, y con el reconocimiento de la
interdependencia con el resto del
mundo. Cuando una persona duda de
esta interdependencia y duda de su
propio lugar y propósito en ella,
entonces nace la alienación. En
lugar de “tu y yo o nosotros y ellos
juntos” se convierte en “yo o
nosotros en contra de ellos.” La
alienación, que generalmente incluye
una intranquilidad extrema, apatía,
confusión y desesperanza, crea una
gran tensión interna y, por
supuesto, enfermedad mental y
física.
La solución para la enfermedad
causada por el miedo es ser más
amoroso, a través de dar más
reconocimiento, apreciación,
admiración, tolerancia,
misericordia, cuidado y ayuda a
otros y a uno mismo. La solución
para la enfermedad causada por el
enojo consiste en incrementar el
conocimiento, la habilidad y la
autoconfianza. La solución para la
enfermedad causada por la alienación
consiste primero en buscar armonía
espiritual con un ser superior o más
profundo, y luego buscar ese
espíritu en todas las cosas. Si
quieres un arreglo rápido, no
obstante, dado el ritmo ultra rápido
de la vida moderna, entonces
simplemente deja de dudar. Conserva
un sano escepticismo cuando sea
necesario, pero rehúsate a dudar de
tu propio valor, del valor de otros,
y del valor del mundo.
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