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Ante todo debemos
tener en cuenta que la plegaria es
telepática. En otras palabras, la
plegaria es una concentración del
pensamiento que pone a la mente en
contacto con el objeto de nuestra
plegaria. No es igual a la
meditación. La diferencia principal
entre meditación y plegaria es que
esta última busca específicamente un
efecto, mientras que la meta de la
meditación puede ser el puro
entendimiento o el goce del
contacto. Además, la meditación
puede no estar dirigida mientras que
la plegaria siempre lo está.
En la plegaria estamos tratando de
hacer algo o que algo sea hecho, ya
sea para nosotros mismos o para
otros. Oramos para tener un efecto
mental, espiritual, emocional o
físico. Como está implicado un
efecto la energía tiene que estar
implicada y toda plegaria supone la
transmisión de energía, ya sea hacia
o desde la persona que ora.
Lo más común es dirigir la plegaria
a un ser espiritual, como sea que
cada uno lo conciba. Esto es natural
y adecuado, pero desafortunadamente
mucha gente se decepciona porque sus
plegarias aparentemente no son
respondidas. Esto por cierto en
parte puede deberse a que tienen
complejos o creencias que les
impiden hacer contacto, pero la
razón principal es que no rezaron
por algo correcto.
No estoy sugiriendo que rezaron por
cosas que no necesitaran o por cosas
contrarias a la voluntad de un ser
espiritual. El problema es que
rezaron para que ese ser hiciera
cosas que no está en su naturaleza
hacer.
En la forma de plegaria conocida
como la Oración del Señor que
encontramos en la Biblia Cristiana,
Jesús dice que deberíamos pedir por
energía (“el pan nuestro de cada
día”), limpieza (perdón), y guía. Un
poco más adelante en el capítulo de
Lucas (11), Jesús enuncia la famosa
declaración “pedid y os será
dado...” Esto se ha entendido como
que uno puede pedir a Dios todo lo
que quiera y lo obtendrá, aunque en
la práctica esto obviamente no
funciona así. La razón se revela
sólo unas líneas más adelante. Lo
que es dado es el Espíritu Santo. En
otras palabras, energía, ideas e
inspiración. Encontramos esta misma
idea en el Antiguo Testamento, el
sufismo, hinduismo, en los escritos
chinos y también en los hawaianos,
esto es, que lo que recibimos desde
arriba es la sabiduría y el poder
para actuar. Pero somos nosotros los
que tenemos que realizar las
acciones.
Esto nos lleva al punto de que en
realidad hay básicamente dos tipos
de plegaria: vertical y horizontal.
Llamo plegaria vertical a la que es
dirigida a Dios o al Ser Superior o
hacia el espíritu de alguien. De
esta forma de plegaria sólo podemos
obtener inspiración, conocimiento,
comprensión y energía. Preste
especial atención a que la guía que
podemos obtener viene en forma de
ideas e inspiración. No obtenemos en
realidad el tipo de guía que nos
dice exactamente qué hacer y cómo
hacerlo. Esa clase de guía implica
la realización de elecciones y esa
es sólo nuestra prerrogativa.
La plegaria horizontal es la que
dirigimos hacia nuestra vida
cotidiana, ya sea para ayudar o
sanarnos a nosotros mismos o a
otros, o para cambiar el futuro.
Nosotros somos quienes realizamos
este tipo de plegaria y su
efectividad está determinada por
nuestras creencias y por la cantidad
de energía que le ponemos. Cada uno
de nosotros crea su propia
experiencia de la realidad y las
circunstancias en las que se
encuentra. A través de la plegaria
comprendida apropiadamente podemos
cambiar esas circunstancias. Pero es
el individuo el que cambia las
circunstancias, no es Dios ni el Ser
Superior. De ellos sólo obtenemos
las herramientas, ellos no harán el
trabajo por nosotros |